¡Corre! La luz se apaga y no la lograrás alcanzar a este
paso. Si no llegas esa sombra te comerá, esa sombra que te persigue desde hace
años y que nunca pensaste que podría llegar a ser tan grande. Esa sombra que
siempre viste con desdén ahora amenaza con destruirte, has alimentado a tu
verdugo por años y ahora es que pagarás las consecuencias. Escuchas el frío
ruido de los metales tras de ti y sólo anhelas volver al pasado, a la calidez
de la ignorancia cuando jugabas con la sombra sin miedo y la dejabas dormir a
tu lado. ¿Qué pasó? ¿Dónde quedó el sol? Tus piernas se cansan y sientes que te
caerás a la vez que ves cómo la luz se va extinguiendo más y más y te das
cuenta cómo la sombra se burla mientras te tiene cada vez más dentro de ella. La
luz es ya sólo una estrella en el fondo y tus rodillas flaquean, te resbalas y
tras dar un par de botes en el suelo caes, desnudo y raspado por el duro suelo
de cemento. Te pones en posición fetal y no puedes evitar que tus ojos se llenen
de lágrimas. Pareces un bebé que no encuentra a su mamá, eres una víctima de tu
propia inocencia y ya no sabes qué hacer con lo que has causado.
Desesperadamente gritas a la sombra, le ruegas que te deje salir pero sólo
escuchas su risa. Te levantas pero no vez nada, todo es completa oscuridad.
Tratas de dar un paso pero pisas algo viscoso y retrocedes, te tropiezas de
nuevo y caes sentado a la vez que sientes que ese líquido espeso que quedó en
tu pie se va haciendo más grande cubriendo toda tu piel. Usas tus manos para quitarlo
de ti pero sólo logras que también se apodere de ellas y quedes inmovilizado.
En unos segundos tu pierna y tus antebrazos están cubiertos por esta sustancia.
Sientes su putrefacto olor y los grumos que se forman, está tibio. Gritas como
nunca lo has hecho pero no sirve de nada, la risa es cada vez más fuerte y tus
lágrimas no paran de brotar. Pronto estás totalmente cubierto en este líquido y
este empieza a entrar por tu boca, por tus oídos, por tus fosas nasales.
Sientes sus grumos llenar tu cuerpo, ahogarte y sin embargo sigues vivo. Ya no
puedes gritar, la falta de aire hace que sientas tus ojos a reventar y tu
cuerpo se empiece a hinchar. Duras unos minutos luchando en vano hasta que
finalmente cedes. Aflojas tu cuerpo y dejas que el líquido te consuma, el dolor
es insoportable pero ya no tienes fuerzas para seguir luchando. De pronto
sientes un fuerte golpe en el estómago, abres los ojos y estás en tu
habitación, te acabas de despertar. Sientes un descanso y sales de tu cuarto a
tomar agua. Vas a la cocina y la sombra ya ha preparado tu desayuno.
miércoles, 10 de abril de 2013
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