miércoles, 10 de abril de 2013

Aliméntame


¡Corre! La luz se apaga y no la lograrás alcanzar a este paso. Si no llegas esa sombra te comerá, esa sombra que te persigue desde hace años y que nunca pensaste que podría llegar a ser tan grande. Esa sombra que siempre viste con desdén ahora amenaza con destruirte, has alimentado a tu verdugo por años y ahora es que pagarás las consecuencias. Escuchas el frío ruido de los metales tras de ti y sólo anhelas volver al pasado, a la calidez de la ignorancia cuando jugabas con la sombra sin miedo y la dejabas dormir a tu lado. ¿Qué pasó? ¿Dónde quedó el sol? Tus piernas se cansan y sientes que te caerás a la vez que ves cómo la luz se va extinguiendo más y más y te das cuenta cómo la sombra se burla mientras te tiene cada vez más dentro de ella. La luz es ya sólo una estrella en el fondo y tus rodillas flaquean, te resbalas y tras dar un par de botes en el suelo caes, desnudo y raspado por el duro suelo de cemento. Te pones en posición fetal y no puedes evitar que tus ojos se llenen de lágrimas. Pareces un bebé que no encuentra a su mamá, eres una víctima de tu propia inocencia y ya no sabes qué hacer con lo que has causado. Desesperadamente gritas a la sombra, le ruegas que te deje salir pero sólo escuchas su risa. Te levantas pero no vez nada, todo es completa oscuridad. Tratas de dar un paso pero pisas algo viscoso y retrocedes, te tropiezas de nuevo y caes sentado a la vez que sientes que ese líquido espeso que quedó en tu pie se va haciendo más grande cubriendo toda tu piel. Usas tus manos para quitarlo de ti pero sólo logras que también se apodere de ellas y quedes inmovilizado. En unos segundos tu pierna y tus antebrazos están cubiertos por esta sustancia. Sientes su putrefacto olor y los grumos que se forman, está tibio. Gritas como nunca lo has hecho pero no sirve de nada, la risa es cada vez más fuerte y tus lágrimas no paran de brotar. Pronto estás totalmente cubierto en este líquido y este empieza a entrar por tu boca, por tus oídos, por tus fosas nasales. Sientes sus grumos llenar tu cuerpo, ahogarte y sin embargo sigues vivo. Ya no puedes gritar, la falta de aire hace que sientas tus ojos a reventar y tu cuerpo se empiece a hinchar. Duras unos minutos luchando en vano hasta que finalmente cedes. Aflojas tu cuerpo y dejas que el líquido te consuma, el dolor es insoportable pero ya no tienes fuerzas para seguir luchando. De pronto sientes un fuerte golpe en el estómago, abres los ojos y estás en tu habitación, te acabas de despertar. Sientes un descanso y sales de tu cuarto a tomar agua. Vas a la cocina y la sombra ya ha preparado tu desayuno.

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