miércoles, 10 de abril de 2013

Calaverita en marzo


Qué curioso que la Muerte,
Un día sin más ni más,
Decidiera probar suerte,
Como siempre muy sagaz.

No deseaba estudiar
Una materia cualquiera,
Anhelaba filosofar
Como nadie más pudiera.

Desde luego escogió
De los planteles el mejor,
Acatlán, pues, eligió,
¡Quería aprender con fervor!

Así que llegó a la FES
Porque quería entender
Si todo lo que existe es
Y si existe el no ser.

Al llegar al edificio
Se quedó muy preocupada,
Para ella un artificio
Era comprender la nada.

Del alma quiso descifrar
Si habrá límite alguno,
No lo pudo ella hallar,
Es el logos tan profundo


La Catrina contrariada
A Heráclito dejó,
Y siguió esperanzada,
Su paso no aflojó.

Sobre Platón escuchó
Algo de una tal caverna,
La Flaca sí que luchó,
No entender la consterna.

Pensó: “¡Lógica es fácil!
Pues de pensar es cuestión.”
Pero no era tan grácil
En la de proposición.

“¡Con Ética voy a poder!”
Sin embargo se perdió.
Por Aristóteles leer
La virtud no entendió.

Ni con la Ontología,
Ni sobre la Hermenéutica,
Ni de Epistemología,
Mucho menos con Estética.

La Calaca se rindió.
“¿Pa' qué querría saber
Lo que un griego entendió
De qué es en verdad el ser?”




“¡Si yo soy mucho más sabia,
De la muerte sí comprendo!
¡Esto me llena de rabia,
A los vivos no entiendo!”

“¿Qué van ellos a decirme
Lo que es o no es el alma?
Mejor, creo, es ya irme
…Luego vengo con más calma.”

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