Sentía las hojas crujir bajo sus
pies. El viento se colaba por los agujeros de su ropa y recorría cada
centímetro de su piel, pero ni siquiera esto lograba sacarlo de sus
cavilaciones. La nieve ya cubría sus pies descalzos y él no movía su mirada de
una pequeña esfera roja. Pese a su aspecto decrépito, mostraba gran fortaleza
ante su situación.
Dio un rápido parpadeo y al
abrir los ojos sintió que una gota de sudor se resbalaba por su piel, ya no
soportaba el calor de este desierto, sentía que su garganta era de estopa y sus
piernas flaquearon, en un segundo sentía como la arena quemaba sus rodillas
mientras éstas se hundían en ella. Cerró sus ojos fuertemente mientras sentía
cómo escurría el lodo por sus brazos.
Cuando los volvió a abrir un
insecto voló directamente a su rostro y en un intento por evadirlo tropezó
cayendo de bruces en el pantano. Movió su mano derecha tratando de sujetarse de
algo para salir del fango y, al mismo tiempo que se limpiaba el lodo de su
rostro con la mano desocupada, logró agarrar una cuerda.
Cuando quitó el lodo de sus ojos
y los pudo abrir, siguió la cuerda que lo llevó hasta el bote salvavidas, lo
único que había quedado del naufragio. Nadó hacia él y se subió. No podía
quitarse el sabor a sal de la boca, pero el ver que sólo había azul a su
alrededor lo distrajo lo suficiente para olvidarlo por un momento. Se echó en
el suelo del bote buscando algo de sombra. Se metió debajo de una lona que
cubría un tercio del bote y se adentró hasta el fondo de este espacio.
A medida que avanzaba a gatas
debajo de la lona, se hacía más y más oscuro hasta que se halló completamente a
ciegas y con suficiente espacio para ponerse en pie. Logró divisar un pequeño
punto blanco que se volvió en su guía, como el fuego a una mariposa. Caminó y
caminó a su vez que la luz se hacía más grande hasta convertirse en una gran
entrada.
Salió de la cueva deslumbrado
por el reflejo del cielo en la nieve, sin embargo, se echó a andar con ánimo.
Tras casi dos horas de ardua caminata se detuvo en frente de un árbol. Sonrió
mientras sus ojos se llenaban de lágrimas. Entonces se agachó y empezó a
remover la nieve hasta que su mano izquierda se detuvo sacando de entre la
suave blancura del suelo un pequeño cubo rojo.

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